Pues bien, ha llegado Marzo y estamos en un año emocionante e intenso para nuestro equipo de colaboradores. El 2011 ha iniciado bien y nos tiene trabajando al máximo en lo que nos encanta: hacer la diferencia en cómo las personas ven su trabajo. Y después del último artículo sobre amar a tu trabajo, me dio por reflexionar qué nos mueve.

¿Cómo es que los días en que no alcanzan las horas resultan más emocionantes que frustrantes?

Tiene que ver, creo yo, en estar en contacto con el porqué de las cosas. ¿Porqué haces lo que haces? Si la respuesta es «porque me pagan» o «porque no me queda de otra» o «porque alguien tiene que hacerlo» seguramente lo experimentarás muy distinto a si la respuesta es más significativa para ti. En mi caso es «porque no me resigno a que la gente sufra el trabajo en lugar de verlo como una expresión de su propia misión de vida». Cada vez que recuerdo eso, me animo a enfrentar el día. Me entusiasma hacer la parte del trabajo que menos me gusta, porque le veo sentido y porque sé lo que estoy haciendo.

Por supuesto que no siempre sucede así. En ocasiones todo se vuelve confuso y el trabajo es solamente tarea. Inacabable. Insufrible. Aparentemente innecesaria e inconsecuente. Para mi, ese es el momento de hacer un alto en el camino y recordar los porqués. En realidad es que yo «no aguanto nada». Me desespera muchísimo sentir que no voy a ninguna parte. Así que abro los ojos y el corazón buscando motivos, observando si es momento para cambiar de rumbo o solamente recordar: ¿En qué íbamos? He tenido en mi vida muchos de esos momentos de decisión, de reajuste, de reinvención de los porqués. ¿Tú no?

Lo maravilloso es que si me mantengo abierta a descubrirlo, siempre hay indicadores de lo que sigue, o de la importancia de lo que estamos construyendo en el mundo mis colegas y yo. Hay ese cliente satisfecho. Ese programa de televisión en el que se explora el tema de interés. Esa película que me muestra justo lo que quiero, o lo que no.  No cabe duda: cuando el alumno está listo, el maestro aparece. En formas distintas. En lugares inesperados, pero aparece.

Y los porqués resultan contagiosos. ¡Qué fácil compartir ideas, vender tu talento, crear nuevas oportunidades cuando los porqués aparecen al inicio de tu conversación con cualquiera! Cuando no te tienes que acordar de «promover» tu trabajo, sino que cada palabra que dices la emites con convicción, con entrega, con seguridad de lo que quieres. Ese estado de claridad atrae hacia tí a quienes lo buscan y aleja a quienes tienen enfrente un camino distinto por recorrer. ¡Y yo que siempre me pensé ajena a las ventas! Parece que vendo mejor cuando no lo estoy haciendo. Solamente estoy compartiendo lo que adoro, lo que busco, lo que auténicamente responde para mi la pregunta central: ¿Porqué lo haces?

 

 

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