bigstockphoto_Money_In_The_Hands_6538805En situaciones como la actual, muchos de nosotros nos decidimos por un trabajo algo menos alineado con lo que nos gustaría, para asegurar el flujo de dinero que requerimos.  O bien, en el trabajo en que estamos, aceptamos situaciones o responsabilidades que de otro modo no parecerían atractivas.  Si tú o alguien que quieres está en esta situación, sabes a lo que me refiero. Por supuesto que se trata de un punto importante a considerar el intercambio que hacemos en nuestros empleos u ocupaciones de dinero y prestaciones por trabajo y cumplimiento.  Pero si esa es la única consideración, corremos el riesgo de caer en un trabajo que no satisface, que roba más vida de la que regresa y que nos atrapa en un ciclo vicioso insufrible, o al menos sumamente cansado.

Hay otra consideración que nunca debe faltar al encarar nuestro modus vivendi: el intercambio más profundo de energía, de vitalidad, de corazón.  Al fondo del trabajo está la satisfacción personal de hacer algo trascendente, de dejar huella en otros, de aprender cómo vivir mejor, de ser quien queremos ser y expresar esa autenticidad en todo lo que nos ocupa.  Intercambiamos nuestro tiempo, que es intrínsecamente nuestra vida misma. La interrogante que no podemos dejar de responder es ¿A cambio de qué? Lo queramos admitir o no, el trabajo ocupa gran parte de nuestra vida y es una expresión significativa de la vida misma.  Idealmente nuestra misión se expande y expresa en todo el tiempo que tenemos disponible en esta tierra, incluyendo el que estamos invirtiendo en la labor diaria.  Es necesario regresar a esta expresión de quién soy para que el trabajo no constituya una pérdida de vida cotidiana.

¿Qué hacer entonces?  Renunciar a todo lo terrenal y perseguir mis más controvertidas quimeras no parece ser la mejor opción.  Eso es porque muy rara vez lo es.  La persona que queremos ser casi todos los que leen este blog, sin excepción de mi, es también responsable y se interesa por tener un nivel de vida adecuado para si mismo y para sus seres queridos, una semblanza de seguridad financiera y previsión del futuro.

Respira.  Hay otra opción.  En ésta – suponiendo por supuesto que no estás involucrado en una ocupación inmoral o directamente dañina a la humanidad -no importa lo que estés haciendo ahora, a lo que te dediques por el momento, lo que estés decidiendo para cubrir tus necesidades materiales.  Es exactamente aquí, donde estás, desde donde tienes que preguntarte: ¿Qué hago aquí?  Encontrar día con día alguna forma de expresar quien eres no es un lujo, es un derecho humano.  Puedes encontrarlo en la forma en que te relacionas con los demás, en la manera en que usas tus talentos, en las contribuciones que haces para que tu trabajo beneficie directamente a los que se ven afectados por él.  No pierdas más tiempo y vida.  Hoy mismo aprovecha cada oportunidad que tengas en el trabajo de ser útil, de tocar las vidas de otros, de expresar tu autenticidad.  Empieza por donde sea posible y construye más posibilidades, desde aquí, desde donde estás.  Reenfoca. Vive. Aprende. Quizás algún día puedas tener la ocupación de tus sueños con la remuneración de tus sueños, pero por ahora, ¿Qué haces aquí?

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One Reply to “¿Qué haces aquí?”

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