Recientemente falleció el fundador de Chick-fil-a, Truett Cathy, quien es recordado no solo por su emporio de sandwiches de pollo sino por su filosofía del trabajo y de la vida, por su liderazgo centrado en principios sólidos y sus valores expresados en todo lo que hizo. En uno de los artículos que hablaba de su partida me encontré esta cita:
«Es cuando dejamos de hacer nuestro mejor trabajo que nuestro entusiasmo por el trabajo se ve menguado. Debemos primero motivarnos a nosotros mismos para hacer las cosas de la mejor manera y ser un ejemplo de liderazgo para que otros también hagan lo mejor.» – Truett Cathy
Interesante perspectiva, ¿no creen? Lo primero que me hizo pensar fue que asigna la responsabilidad de una baja de entusiasmo en el mismo que hace el trabajo. Y es cierto, cuando estoy haciendo mi mejor trabajo, me siento significativa, me conecto con lo que hago, lo veo importante. Es el hecho de hacer mi mejor trabajo lo que me entusiasma. La motivación viene de adentro. Es el viejo tema de el huevo o la gallina.
Cuando un colaborador empieza a hacer responsable a la empresa, o a recursos humanos o a su jefe por su propia motivación, difícilmente hace su mejor trabajo. Está esperando para hacerlo a recibir la proverbial motivación. Los resultados bajan, la posición corre peligro y la empresa empieza a quejarse de la actitud que tiene el colaborador.
Lo primero que pueden hacer los jefes, los responsables de cultura y todas las personas de la organización para motivarse a sí mismos y a otros es, en turno, hacer su mejor trabajo. En mi vida laboral he tenido jefes brillantes. Algunos más difíciles que otros. Uno en particular, controversial por decir lo menos, siempre era complejo de tratar pero también siempre era admirable en su dedicación al trabajo mismo. Ponía su mejor energía, se apasionaba por el resultado y el proceso. El trabajo era parte central de su existencia y lo defendía a capa y espada. Abajo de él, habíamos cientos de personas igualmente motivadas a dar lo mejor de sí mismos. Era una organización no solamente exitosa, sino innovadora, que obtenía de su personal mucho más de lo que pagaba en tiempo y una dedicación que nunca se obtiene a causa de la compensación económica sino solamente en el caso de que la gente se sienta parte de algo significativo. La motivación se predica con el ejemplo. El liderazgo motivado siempre atrae gente comprometida.
Con frecuencia me comenta la gente que al hablar de mi trabajo, me veo apasionada y se me nota lo que me gusta. En realidad, sí, hago lo que me gusta y me aseguro de poner gusto a lo que hago. Es decir, no cada actividad de mi ocupación me encanta, pero me ocupo de hacerlas todas con gusto y eso me funciona mejor. ¿Hay que barrer? Pues silbemos al trabajar. Habrá quien venga en nuestra ayuda.
Por supuesto que hay ambientes que se esmeran en matarle la buena intención al más motivado de los trabajadores. En especial lo hacen porque los líderes tampoco están motivados por algo más allá del resultado de indicadores. Si ese es tu caso, sigue practicando la motivación interna y huye lo más pronto que puedas. No tienes que admirarle absolutamente todo a tus colegas, pero sí busca que se contagien mutuamente de ese entusiasmo que se ve y se siente a leguas.
¿No crees? Espero comentarios apasionados. Veremos quién coincide o no con lo que les planteo…