El blog de liderazgo de Susan Mazza, Random Acts of Leadership es uno de mis favoritos.  Así que, cuando me dijo que se sintió inspirada por mi entrada acerca del pensamiento positivo, la invité a escribir aquí. Es un honor para mi darle la bienvenida a este espacio y compartir sus ideas con ustedes. Cada vez que he hablado con ella he encontrado nueva inspiración y conceptos. Susan es una apasionada de su trabajo con organizaciones y líderes a quienes ha apoyado a mejorar su desempeño y el de su gente, durante más de 20 años. Este artículo es un regalo y una prueba más de que cuento con los colegas más inteligentes y generosos.

¡Gracias, Susan!

(P.D. Espero haberte hecho justicia con la traducción)

En el artículo de Mónica titulado «El Pensamiento Positivo Puede Ser Tu Perdición«, ella articula la distinción entre el pensamiento positivo que te mueve a progresar y el pensamiento positivo que se queda en buenos deseos.  Al leer sus ideas al respecto, me puse a pensar en las implicaciones más sistemáticas del pensamiento positivo en las organizaciones hoy en día.

En 1952, el ya famoso libro de Norman Vincent PealeThe Power of Positive Thinking fue publicado. El poder que tiene el pensamiento positivo en nuestras vidas hoy, se constituye gracias a una creencia cultural enraizada con fuerza: que el pensamiento positivo es bueno y que ser positivo es la forma correcta de ser. Es cierto. ¿Sí?

Pensándolo bien, quizás no. ¿Podrá ser que lo positivo sea malo de cuando en cuando?

Mientras que muchos de nosotros, al menos a los que nos apasiona tener un impacto significativo a donde quiera que vamos, preferimos rodearnos de gente que tiene una actitud positiva y de «sí se puede», me ha tocado ver demasiados ejemplos en los que este deseo alimenta una cultura llena de gente que teme decir cualquier cosa que pudiera interpretarse como negativa.

El problema no es que las personas tengan tanto cosas positivas como negativas que decir, sino cuando existe la creencia de que lo positivo es «bueno» y lo «negativo» es malo.  Esto se vuelve peligroso para cualquier líder u organización cuando las personas retienen las malas noticias o «doran la píldora» con una falsa positividad que enmascara lo que realmente pasa.

En ocasiones las malas noticias son lo que se necesita compartir, no imporando cuán negativas aparenten ser. En ocasiones lo que pareciera «negativo» es justamente lo mejor para el negocio.  Y sin embargo muchos líderes le temen. Temen lo que podría suceder si dejan avanzar una conversación negativa – que de algún modo la negatividad prevalecerá y perderán el control. Pareciera más seguro y más inteligente lidiar con las quejas una a una, tras puertas cerradas.

Pero quizás sea el máximo auto-engaño pensar que podemos controlar lo que las personas piensan de verdad, lo que creen o  lo que  hablan.

Entre más intentemos evitar la comunicación honesta y abierta, pensando que «lo positivo es bueno y lo negativo es malo» para los negocios, más interesante se vuelve para las personas tratar el asunto tras bambalinas.  Si lo abrimos, puede llevar a una conversación constructiva.  Si se queda en lo oculto, rara vez lleva a algo más que chismes que, en el mejor de los casos, distrae si no es que alimenta la resignación, o en el peor caso el cinismo.

Es en ese momento que lo «positivo» puede salir caro. Es fácil escuchar buenas noticias y mensajes positivos.  Resulta más difícil escuchar las malas noticias y mensajes negativos, en especial si están dirigidos directamente a nosotros o a algo que hicimos.  Aún así, es qué tan abiertamente escuchamos las cosas difíciles lo que manda el mensaje a la gente de si queremos escuchar lo que nos parece bueno o lo que ellos en realidad quieren decirnos.

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2 Replies to “Cuando Puede Costarte Ser Positivo”

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