Es curioso como algo tan productivo y edificante se ha ido perdiendo. Las razones son muchas. Para empezar, nos acostumbramos cada vez más a que las personas de nuestro entorno todas piensen como nosotros. Si bien tenemos a reunirnos con mentes similares, las redes sociales y sus algoritmos acentúan el tema. (Si no lo crees, ve LA RED SOCIAL en Netflix y luego dialogamos 😊 ). Es bien sabido que vemos más de lo que nos gusta y cada vez menos de lo que no. Y ni siquiera lo elegimos conscientemente sino que las redes se encargan de seleccionar por nosotros. Al buscar mercados delimitados para comprar productos y servicios, los algoritmos nos muestran ideas similares siempre. Esto puede ser muy buena idea para segmentar mercados, pero no para expandir la mente.

El efecto social ha sido enorme. Veo con tristeza que no sabemos ya estar en desacuerdo sin estar en conflicto. Tristemente, nuestros amigos que no tienen las mismas ideas políticas terminan siendo objeto de burlas y bromas tanto que dejan de hablar del tema o se alejan por completo. Es como si pensáramos que escuchar una opinión distinta nos contaminara o nos fuera a convencer, o nos invitara a ser quien convence. El diálogo requiere de diversidad, de paciencia, de escucha profunda y no necesariamente de llegar a un acuerdo, solo a la comprensión del otro.

¿Qué tal si en lugar de molestarnos que piensen distinto nos fascinara? ¿Qué tal si el hecho de ser diametralmente opuesta tu visión a la mía la hace más interesante y me invita a hacer más clara y sólida mi perspectiva? Dialogar permite revisar lo que uno piensa, explicarlo y escuchar lo que otro recibe de mi. Pero es cada vez más difícil hacerlo. Y si hablamos no solo de diálogo (entre dos), sino de una conversación donde varios participan, se forman bandos, no tanto enfocados al debate sano como a la desacreditación de los puntos de vista divergentes del propio.

¡Te reto a llevar un diálogo respetuoso y claro respecto al tema que quieras! Te invito a observar cómo se caldean los ánimos y se deja de escuchar. ¿Existirá algún antídoto o estamos condenados a perder para siempre la práctica. Yo creo que hay un par de cosas que podemos hacer:

  1. Escucha primero, declara después. Al escuchar lo que el otro tiene que decir y preguntar con curiosidad e interés auténtico, se sientan las bases para una conversación bilateral más constructiva. Recuerda que para entender el punto de vista del otro no tienes que estar de acuerdo con él, solo interesado en entenderlo. Y si encuentras temas de coincidencia, no temas decirlo: estar de acuerdo en algo no es estar de acuerdo en todo.
  2. Declara con claridad tu punto de vista, explicándolo como propio. Puedes usar frases como «Entiendo que tú lo ves así. Yo lo percibo diferente.» o «Me parece fascinante cómo vemos el mundo con un punto de vista tan distinto. Para mi…».
  3. Limpia el ambiente. Si quieres dialogar, no lo hagas en medio de la burla y el sarcasmo. No descuentes la idea del otro, ni permitas que descuenten la tuya. Expresa claramente que no tenemos que estar de acuerdo y que te interesa entender, no acordar.
  4. Acostúmbrate a no tener la razón o no estar de acuerdo. Son ingredientes de un buen diálogo. Incluso puedes agradecer y comentar sobre ello. «¡Qué bien que podemos conversar estas cosas en las que no estamos nada de acuerdo!»

Revivamos poco a poco el viejo arte de dialogar, que nos hará más sabios y la vida mas interesante. ¿No lo crees?

Aquí RAFAEL SANTANDREU nos habla de cómo dialogar y como dice «lo hacemos fatal». Bien nos vendría aprender a hacerlo mejor.

https://youtu.be/rVOqzjUDzLs
Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *