Handsome man laughing with hand on the head

En un artículo pasado hablé de la adversidad y cómo enfrentarla caído pero no invicto. Hoy quiero comentar otro punto que se AGUDIZA en tiempos difíciles pero se da en todos. Mi adorado equipo y yo, cultivamos una y muchas M-CAB (Metas muy retadoras). En tiempos de bonanza y de éxito, es una característica admirable e inspiradora. Cuando el éxito se aleja paulatinamente y estás en el momento de corregir curso, aunque no visión, detractores y amigos por igual te invitan a soñar más pequeño. Y no siempre lo hacen de maneras agradables.

Es doloroso escuchar las risas ahogadas de quienes, con buena intención, te consideran un iluso. ¿Sigues con eso? ¿No has escarmentado? No. Equivocamos el camino, no el destino. Las personas más importantes en tu vida, tus más fervientes admiradores en otros tiempos, quieren ahora aconsejarte. Quieren que pares de sufrir, que minimices el daño y juegues a la segura. Están contigo en las buenas y en las malas, dicen. Y sí, lo están. Solo que ahora están entre tu desgracia y tu sueño, justo en el camino. Sus risas son ahogadas porque no te quieren hacer sentir mal, pero no ven lo que ves. No hay luz al final de su túnel. Si solamente a el cariño que te tienen mantendrás la meta a la vista, aunque estén parados frente a ti.

¿Y qué tal tus detractores y críticos? ¡Cómo les divierte tu situación! No podrían estar más felices y se sienten en plan de «se los dije». ¿O no? ¡Sabían que ibas a fallar y lo predijeron hace tiempo! Esas metas estaban destinadas al fracaso. Ellos pueden amplificar tus fallas para que las veas clarificas. Las que ya veías se ven enormes y espantosas, y las que no habías visto o aún niegas, te las restriegan en la cara día a día. Toma nota. Si son depredadores, entrarán al ataque. Defenderte te hará más fuerte. Si son solo envidiosos, se limitarán a a la burla. Distinguir de cuáles son, también es importante.

Pues aquí les van mis percepciones al respecto. Así es como el que ríe al último ríe mejor:

Lo que no te mata, te hace más fuerte. Asegúrate de no morir. Toma aire. Agradece lo que sí tienes y busca apoyos en lo necesario. Toma las decisiones difíciles, aprende rápido. Trágate el orgullo. Hay mucho por hacer y poco tiempo para lamentarte.

Puedes ser ejemplar, en lo próspero y en lo adverso. Parte de no perder el rumbo es vivir tus valores de la mejor manera que puedas, aún ante la crisis. No hagas nada que no te perdonarías en tiempos de bonanza. Procede con audacia pero nunca faltes a ti mismo.

Recuerda lo que sientes. Será difícil recordarlo cuando la tormenta haya pasado. Créeme. Son sensaciones fuertes y feas. Tus defensas entrarán en vigor. Siéntelas ahora con intensidad. Si necesitas, apúntalas, relátalas a alguien, lleva un diario o un video-blog. Reconocerlas te ayudará a ser más empático en el futuro, a ayudar a quienes quieres antes de que lo pidan, a ser humilde y a mantenerte atento a las señales.

Reinvéntate. Estás en el momento más creativo de tu camino. Ahora te surgen ideas que en otro momento descartarías. Recógelas. Revísalas con cuidado. Inclúyelas en tus planes. Solamente asegúrate que sean formas de llegar al destino y no solamente de evitar el dolor actual. Pregúntate: si sale bien, o si sale mal, ¿me acerca a la meta? Las peores ideas son las que si salen bien, me alejarán de donde quiero llegar. Son salvavidas, pero de esos que uno solo toma un momento para agarrar aire.

Avanza con confianza. Como dice el buen Tevye, de Violinista en el Tejado,  «no tiene más remedio que mejorar.» Pensar en formas de avanzar no es suficiente. Hay que tomar los caminos y avanzar por ellos. Ahora puedes tomar algunos que no haías visto y transitar avenidas desconocidas sin tanto que perder. ¡Abraza la aventura!

Si uno avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y se dispone a vivir la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito insospechado en las horas comúnes.   .  –Henry David Thoreau

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