Pues el Chapulín Colorado, no será. Lo sé, es chiste local, pero para los lectores que no lo conozcan, el consabido Chapulín es un superhéroe mexicano que siempre aparecía cuando alguien se hacía esa pregunta: «¿Ahora quién podrá defendernos?» La detención ayer de la líder del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) nos deja con reacciones diversas, grandes pasiones e interrogantes.

Para mi, más allá del hecho de saber si es un montaje preparado maquiavélicamente por el gobierno- como dicen algunos – o un acto justo y necesario  (todo eso se lo dejo al sistema legal de nuestro país), me interesa ahora qué sucederá con los Maestros. ¿Será posible que un sindicato con una historia tan triste y decididamente nociva para nuestra sociedad cambie de rumbo? Considero que ese cambio sería necesario en otros muchos sindicatos de nuestro país y algunos países más. Y no seá fácil.

Sí creo que muchos del gremio se preguntarán quién podrá defenderlos. Pero ¿es eso lo que requieren? ¿Defenderlos de quién? Imaginen que llega al frente un líder distinto. Uno que en lugar de seguir considerando a los trabajadores  y en este caso a los maestros, como víctimas de una fuerza opresora contraria a ellos, los levanta y les recuerda quiénes debieran ser, quiénes pudieran ser, si ocuparan el lugar que les corresponde en el mundo. ¿No debieran todas las fuerzas subordinarse a una mayor: la necesidad de una educación efectiva en un país con grandes retos?

No suelo escribir de política, ni de asuntos sindicales. Lo que sí quiero recalcar es que el rol de víctima nunca le quedó bien a nadie, y mucho menos lo quiero para aquellos que tienen en sus manos la noble tarea de guiar a una nueva generación. ¿Qué podría enseñarle a nuestros hijos de la vida una persona que se siente víctima? Para mi, no hay labor más respetable que la de ellos: educar es un privilegio y todos queremos que lo hagan bien y en libertad. Los padres estaremos de acuerdo en exigir sueldos más competitivos para los maestros que están creando verdaderas posibilidades para nuestros hijos, que ejercen su labor con vocación y entrega.

¿Qué tal un dirigente que les recuerde lo grande e importante que es la tarea diaria del maestro para el país y el mundo? ¿Qué tal que los invitamos a participar de la modernidad y a aspirar a algo mucho mejor que organizar protestas? Quiero un líder de verdad, que ame el magisterio y que sea capaz de colaborar con quienes sea necesario en beneficio de la sociedad. ¿Será posible?

Necesitamos empoderar a los maestros, recordándoles la significancia de la educación en general y de su rol en ella. Podemos crearles una identidad de personas de impacto social, que lejos de ser víctimas son punta de lanza en la creación de un futuro posible. Hay miles de maestros que merecen serlo. Necesitamos alguien al frente que lo sepa y lo refuerce en todas sus acciones. Y necesitamos que se dedique a lo que le toca para que con su ejemplo sea protagonista de un nuevo enfoque sindical. Uno congruente e inspirador para todos.

¿Ahora quién podrá levantarlos?

 

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