Este artículo apareció por primera vez en el muy recomendable blog de Mary Jo Asmus sobre Liderazgo. Cuando lo leí, supe que quería compartirlo con ustedes, lectores, y ella generosamente aceptó. Mary Jo es dueña de Aspire Collaborative Services, una empresa que forma alianzas con grandes líderes para apoyarlos en ser aún más grandes. Frecuentemente visito su sitio y coincidimos en muchos puntos de vista. Ella es una talentosa escritora, coach y comunicadora. Espero hacerle justicia con esta traducción y que se anime a escribir como invitada de este blog en el futuro. ¡Gracias, Mary Jo!
Estás en tu junta mensual. Has pedido a los integrantes de tu equipo que te den retroalimentación sobre el tema. Contrario a lo que sucede con tu adolescente, que al menos se encoge de hombros (o te dice que «ni idea»), cuando pides su opinión, solamente obtienes miradas en blanco de parte de tu equipo. ¿Qué puede estar sucediendo?
¿Acaso son incompetentes? ¿Sabrán lo suficiente del asunto que estamos comentando? ¿Se dan cuenta de que su participación es importante? De hecho, quizás harías mejor en echar un vistazo a tu mismo y tu comportamiento como causas en este caso
Los comportamientos que estás mostrando podrían estar callando a tu equipo. Por suerte, éstos pueden arreglarse con el tiempo, incrementando la posibilidad de que obtengas lo que quieres de ellos. Exploremos los comportamientos que pueden estar manteniéndolos callados:
- No estás escuchando: ¿Solamente eres tú quien habla? ¿Callas a la gente, o interrumpes lo que dicen?
- Has estado ignorando sus contribuciones: ¿Tienes una larga historia de pedir puntos de vista para luego hacer de todos modos lo que tú piensas, sin tomarlos en cuenta?
- Estás haciendo las preguntas equivocadas: ¿Son tus preguntas del tipo que no generan diálogo (son cerradas, «sí o no», por ejemplo)? ¿Son las preguntas que haces aquellas de las que ya conoces la respuesta?
- Proporcionas no solamente las preguntas, sino también las respuestas: ¿Haces una pregunta e inmediatamente la respondes? ¿Estás dejando suficiente silencio para que tu equipo considere la respuesta (Sí, el silencio es bueno en este caso)?
- Matas al mensajero: ¿Respondes con tu opinión (a menudo negativa) a cada respuesta que te da el equipo? ¿Te sientes movido a juzgar cada respuesta?
- Te muestras impaciente o iracundo: ¿Tu lenguaje corporal indica que no te están gustando las respuestas que obtienes? ¿Tuerces los ojos o haces muecas displicentes cuando un miembro del equipo responde tu pregunta? Peor aún, ¿muestras enojo evidente o montas en cólera?
¿Es posible que alguno de estos comportamientos aplique en tu caso? Pídele a alguien de tu confianza que te observe y retroalimente al respecto. Si te das cuenta de alguno de estos comportamientos, necesitas cambiarlos. Has perdido el respeto – a ti mismo y a los demás – y eso solamente empeorará con el el tiempo. Puedes recuperar el terreno perdido. Hablaremos más de ello en el siguiente artículo.