¿Qué es realmente el liderazgo? ¿Cómo se lleva hoy en día? ¿Cuál es la mágica poción que hace que la gente siga a unos, pareciera que incuestionablemente y a otros les exija estar siempre vigilantes del mísero poder que con tanto esfuerzo han logrado? Hoy me dijo alguien que el tipo de liderazgo que requiere el siglo XXI es ese: el de servicio. El de un líder que se siente lo suficientemente seguro del rumbo que toma y de su propia fuerza como para ponerse al servicio de quienes le siguen. En el ámbito organizacional como en todos los ámbitos, ésta aún es una rara virtud.

Una que engendra admiración cuando se le encuentra. Una que ha existido siempre y, sí, que hoy hace falta más que nunca. No solamente porque las pesonas ya no están dispuestas a la obediencia ciega, ni porque existe una mayor conciencia del impacto del trabajo en el entorno social y en las vidas de cada uno de los integrantes. Sino porque es sumamente emocionante seguir a alguien en quien creemos firmemente y que está dispuesto a poner su talento a nuestro servicio, sus recursos a nuestra disposición y su confianza en que haremos las cosas correctas o aprenderemos en el camino cómo hacerlas.

Lo contrario, el autoritarismo como opción para ejercer el liderazgo es un camino cada vez más ingrato. Si el líder que se propone serlo logra convencer a la gente de que su camino es el bueno, tendrá luego que ejercer con toda su fuerza la autoridad. Una fuerza implacable y que le exige cada vez más. Labor más cansada e ingrata, no hay. El líder empuja, disciplina, marca límites, ejerce el poder con mano de hierro. Y paga el precio de asumir esa posición, porque en ese sentido, no hay poder que dure para siempre, ni líder que lo aguante. Si hay otra opción, ¿no debieramos tomarla?

Hace falta también un cambio profundo en la forma en que observamos nuestro propio éxito, nuestra dedicación y empeño, nuestra efectividad. ¿Consiste en lograr alinear en nuestro objetivo muchas personas comprometidas, o en invertir muchas horas en la tarea? ¿Consiste en ser significativo porque la gente puede contar contigo o porque tú tienes la última palabra en lo que se hace?

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3 Replies to “Transitando del Autoritarismo al Servicio”

  1. Buenos días,

    He descubierto tu blog en el concurso 20 minutos. Tienes mi voto, me gustan mucho los blogs de reflexión personal, valoro mucho ese trabajo de introspección.

    Uno puede ser líder en distintos aspectos de su vida. El liderazgo, como coloquialmente lo conocemos, precisa de un concepto para mi imprescindible: LA INTELIGENCIA EMOCIONAL. Ser líder implica ser rico emocionalmente, y poseer unas habilidades y recursos personales que permiten una buena gestión de tareas y personal. Tener automotivación, autocontrol, empatía, habilidades sociales, etc…Es esencial para ser un buen líder.

    Saludos del DIVÁN DIGITAL.

  2. Gracias y bienvenida a este espacio, María Teresa. De acuerdo contigo, la conciencia de si mismo, de su impacto en otros y la inteligencia emocional son ingredientes indispensables para un liderazgo sano.

  3. Muy cierto. Los líderes autoritarios, incluso los mejor intencionados, acaban quemándose y convirtiendose en tiranuelos.

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